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categoría | textosFotografía
2010-11-06

Fotografias de Carlos Germán Rojas, trato y retratos


Fotografías de Carlos Germán Rojas, trato y retrato

Prácticamente desde los inicios de la fotografía contemporánea en nuestro país, un nutrido grupo de fotógrafos, a través de sus cámaras, nos ha permitido hacer un vital reconocimiento visual de nuestros creadores. Sus interpretaciones son un documento tan amplio de ese espíritu que nos ofrecen la posibilidad de comunicarnos y orientarnos sobre lo que realmente hay de humano en el universo de nuestros artistas.

 

El primero en iniciar sistemáticamente la temática retratística de artistas es Alfredo Boulton quien a partir de 1934 realiza una extraordinaria secuencia de Armando Reverón pintando con ágiles movimientos corporales el retrato de Luisa Phelps. Posteriormente, Boulton en 1948, realiza en el Salón Planchart la exposición 30 Venezolanos para 1948, con fotografías de Francisco Narváez, Antonio Arraiz, Arturo Uslar Pietri, Antonio Padrón, Guillermo Meneses, Carlos Augusto León, etc. Conjunto que será el mas ejemplar reconocimiento visual sobre la intelectualidad venezolana en ese tiempo.

 

Un año mas tarde el fotógrafo de origen español Victoriano de los Ríos da inicio a la tarea de fotografiar por espacio de cinco años al pintor Armando Reverón en su Castillete de Macuto. El  se convertirá en la mas profunda visión y exhaustivo trabajo fotográfico que se haya sobre artista alguno en nuestro país.

 

A medida de 1940 el fotógrafo Ricardo Razzeti retrata en México a un grupo de intelectuales venezolanos como Héctor Poleo, Manuel Salvatierra, Gonzalo Barrios, Salvador de la Plaza. En Caracas en junio de 1953 realiza 23 fotografías de Armando Reverón, también retratará a Rómulo Gallegos, imagen que será la mas difundida y arquetípica del escritor de Doña Bárbara.

 

En 1955 el fotógrafo Paolo Gasparini fija su residencia definitiva en Venezuela, dos años mas tarde, realiza una secuencia del pintor petareño Bárbaro Rivas, fotografías que vendrían a ser unas de las mas perspicaces y emotivas representaciones gráficas sobre un artista en nuestro medio. Igualmente Paolo Gasparini fotografiará a un nutrido grupo de pintores como Manuel Cabré, Marcos Castillo, Pedro Angel González, Rafael Ramón González, etc.

 

A partir de 1975 Vasco Szinetar comienza a fotografiar los rostros de escritores y poetas prominentes de la literatura contemporánea. Su trabajo ha nutrido las páginas de los diarios, permitiéndonos un reconocimiento visual y una aproximación ha la vida de nuestros intelectuales. En 1987 la editorial Monte Avila publica parte de su trabajo fotográfico Sesenta Retratos Imágenes de la Literatura Venezolana. Más tarde ese conjunto de retratos es exhibido en una sala del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas.

 

Hacia 1977 el fotógrafo Ricardo Armas realiza un importante conjunto de retratos de artistas plásticos. Más recientemente en 1990 se exhibe en la sede de la  Biblioteca Nacional una importante fotográfica de Jaime Ballesta, donde mostró retratos, imágenes de las manos y textos de un considerable grupo de intelectuales. También ese mismo año, el diseñador Gerd Leufer presentó en los espacios de la sala R. G., una serie de retratos de Gego, con una intensa carga afectiva y poética.

 

Es dentro de esa temática donde se inserta la obra fotográfica de Carlos Germán Rojas quien, a lo largo de un interrumpido itinerario de 11 años, se ocupa de visitar los talleres de los artista plásticos. Actividad que unida a sus vinculaciones profesionales con museos, galerías, eventos artísticos, halya podido conformar uno de los más importantes y voluminosos registros fotográficos del ámbito plástico de la pasada década.

 

Para Carlos Germán Rojas el nacimiento de su propuesta retratística surge a raíz del establecimiento de un trato amistoso con los artistas, sus retratos van surgiendo en la medida que estrecha sus relaciones. Para Rojas la fotografía es un hecho vivencial, es la respuesta o el resultado de sus experiencias.

 

Muchas de sus temáticas fotográficas han girado en torno a este acercamiento, como el de La Ceibita que corresponde a su presencia con sus amigos en el barrio. No son imágenes del barrio visto desde la periferia sino observado desde adentro. Refiriéndose sobre la fotografía como vivencia señalada: “Estas fotografías representan la cotidianidad de las personas y los lugares donde ha pasado parte de mi vida, son imágenes que se mueven a muchos seres que han compartido muchas penurias y felicidades”¹. Del modo, a través de su estrecha amistad con Anita y Camilo quienes les permiten registrar el nacimiento de su hijo, surge el trabajo fotográfico Y…nació Camilo, donde en 150 instantáneas recoge con realismo toda la magia del alumbramiento.

 

En esta mirada fotográfica de retratos de artistas Carlos Germán Rojas logra un elevado grado de síntesis y transparencia comunicativa. Esto se debe a que el fotógrafo crea un clima íntimo para que las imágenes se traduzcan sin la interposición inhibidora que impone siempre la cámara fotográfica. De este modo, el artista puede fotografiarse al lado de sus obras, en su taller, pintando, tallando en ambientes solitarios, pensando o dudando, descansando y conversando. Dejándose llevar dentro de su entorno con naturalidad, sin percatarse de la intromisoria presencia del fotógrafo que revolotea constantemente.

 

En estas imágenes, a pesar de ese imperativo de exclusivo realismo que da la fotografía, donde dócilmente la cámara toma las formas de las cosas que se hallan frente a ellas, no obstante Rojas, haciendo uso de esta operación mecánica, nos devuelve un parecido fisonómico a la imagen real pero, a su vez, nos ofrece una imagen interpretada y conceptualizada de su presencia, tal es el caso de las fotografías de Edgar Queipo y Jacobo Borges donde parece remover cierto estado de sugestión irreal y espectral.

 

En algunas de sus fotografías un acentuado juego de sombras propicia un clima de profundidad psicológica y misterio como en los retratos de Miguel Von Dangel y Roberto Olivo. También la densidad de los tonos negros dramatizan el retrato de Juan Loyola donde parece sumergirse o emerger de la oscuridad.

 

En otros retratos Rojas es más reservado, más distanciado, tal vez muy respetuoso, su trabajo hurgo menos en lo psicológico, son retratos más convencionales, pero no por ello menos importantes, en donde el artista toma una postura natural frente a la cámara.

 

En otras fotografías Rojas retrata a los artistas en los mínimos sucesos de la vida, en esos nexos latentes con lo cotidiano, inmersos en esas realidades menos tangibles. Es el caso del retrato de Roberto Obregón descansando plácidamente en su taller de Tarma, o Fabiola Sequera abstraída en el paisaje. Para el fotógrafo no es ningún tabú toda la injerencia que integra el mundo habitual del artista, por lo contrario, todo cuanto se relaciona con su mundo posee una gran jerarquía.

 

El más conmovedor conjunto de fotografías es cuando captas instantes íntimos, de fuga o evocación, en momentos de intensa introspección del artista, sumido en sus propios pensamientos, en esos monólogos interminables con el interior, con el otro yo, con la presencia de la vacuidad que ilumina esos momentos previos a la creación. Son los retratos de jorge Pizzan, Carlos Sosa, Néstor Maya, Leonor Arraiz, Rolando Peña, Boris Ramírez, Oscar Pellegrino, Ernesto León, etc. Es en este conjunto donde Rojas se expresa con mayor claridad y sensibilidad.

 

Con otros retratos Rojas propone situaciones e indagaciones conceptuales que hacen referencia a la percepción que tiene sobre el artista como en el retrato de Claudio Perna que se balancea en un juego de equilibrio con el velocípedo, Antonio Lazo pintado parece estar levemente suspendido y flotando en el aire, en la imagen de Ángel Peña la gran fuente de luz proveniente del ventanal parece aclarar sus ideas.

 

En sus fotografías el espacio constituye un aspecto esencial, éste no es considerado como un elemento neutro, sin importancia, como motivo secundario o el pretexto para definir el ambiente de sus retratos, por el contrario, en estas fotografías Rojas establece el mismo grado de relevancia.

 

En razón de esto, en muchas de las fotografías de Carlos Germán Rojas se observan retratos de artistas inmersos en el espacio, son estudios de interiores, donde se ha propuesto la captación de las atmósferas. De esta forma el fotógrafo busca de retratar al artista en esta intima conexión consigo mismo, en esos recintos consagratorios a la creación.

 

Para el artista los objetos exteriores que le circunda constituye un reflejo y una manifestación de sus pensamientos, son una extensión, donde el, sus obras y sus cosas existen en estrecha relación correspondencia que conviven intima y6 profundamente.

 

Estas fotografías tiene por eje común el tema del artista. Con estos retratos Rojas no pretende apoderarse o emular la realidad de los artistas, sino captar un instante de sus existencias. La realidad acecha constantemente al artista para impedir su evasión. El es el reflejo de la vida, es la naturaleza vista a través de un temperamento, es la representación de lo humano. Para Carlos Germán lo humano es el centro de gravedad. Sus fotografías nos propone una doble mirada, por un lado apreciamos el retrato real autentico y reconocible de una dimensión humana del artista. De otro lado, vemos una imagen idealizada, condicionada e imaginariamente irreal, al cual debemos considerarla también como un objeto artístico como tal. En estas imágenes Rojas se ha propuesto la dignificación de la vida, la revelación visual de la humanización del mundo del artista, la valoración como entes sensibles y no como productores objétuales. Sus fotografías en definitiva son una demostración de toma de conciencia. Esta retratística los artista puede servir de metáfora para comprender la postura del hombre ante el mundo, de su naturaleza dotada para guiar su existencia, en un traductor de las percepciones del mundo sensible.